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HÁBITOS QUE A TUS OJOS NO LES GUSTAN…

1.- Dormir con las lentes de contacto que no sean adecuadas para ese uso: Por pereza, despiste o simplemente por desconocimiento, hay personas que se van a la cama sin quitarse las lentes de contacto, cuando éstas no son adecuadas para dormir. Un día puntual no tiene por qué dañar el ojo, pero se debe tener mucho cuidado para que este error no se repita. El material de las lentes de contacto permite la adecuada oxigenación del ojo para poder usarlas a diario, pero es cierto que hay que darles un descanso para fomentar dicha oxigenación. Por ello, la noche también tiene que ser el momento de relax para el ojo, por lo que hay que quitarse las lentes de contacto para ofrecérselo.

Además, las lentes de contacto necesitan cuidarse realizando una limpieza diaria cada vez que se colocan y se quitan, en el caso de que no se realice puede originar una infección. Para ello se deben utilizar productos de cuidado adecuados, de venta en ópticas, y guarda las lentes de contacto en un recipiente libre de bacterias.

2.- Tocarse los ojos: Cuando tenemos sueño nos frotamos los ojos, cuando notamos un objeto extraño no dudamos en llevarnos el dedo al lagrimal para intentar reducir la molestia o, si nos levantamos con legañas, directamente nos las quitamos con la mano. Estos gestos que parecen inofensivos pueden derivar en una infección porque, aunque no lo creamos y por mucho que nos las lavemos, las manos siempre portan bacterias.

Si por alguna razón tiene que tocarse los ojos, hazlo con una gasa esterilizada, y no los laves con soluciones caseras ni gotas oculares sin indicaciones médicas.

3.- No dar descanso: Actualmente millones de personas ejerce su trabajo delante de una pantalla de ordenador. Esta práctica tan habitual es una de las principales causas de fatiga ocular, problema que ocasiona molestias, lagrimeo, irritación, dolor de cabeza y visión borrosa, entre otras alteraciones. Para evitarlo, debemos adoptar el hábito de dar descanso a la visión apartando la mirada de la pantalla y fijándola en un punto más lejano, cada hora aproximadamente. También se recomienda configurar la pantalla para que los caracteres se puedan leer sin realizar un sobreesfuerzo, que estemos situados a unos 50 centímetros de distancia ojo-pantalla y que el brillo del monitor no sea ni demasiado intenso ni oscuro. Además la habitación debe estar bien iluminada y debemos intentar parpadear cada 30 segundos para evitar la sequedad en el ojo.

4.- Buscar soluciones por cuenta propia: Usar las gafas de la pareja para leer en momentos puntuales, aplicarse gotas para evitar los ojos rojos sin el consejo de un profesional sanitario u optar por remedios caseros, son malos hábitos que pueden resultar contraproducentes para nuestra salud visual. Los ojos, especialmente, son una parte muy delicada del organismo que deben ser tratados con cuidado y con total seguridad. Así que lo ideal es no tomar decisiones por cuenta propia para solucionar una afección y recurrir siempre a su especialista de confianza.

5.- Olvidarse de las revisiones: Llevar muy en cuenta cuando tiene la próxima cita con su óptico-optometrista, porque olvidarse de ella puede suponer el no detectar a tiempo un posible problema. Además, si usas gafas o lentes de contacto para contrarrestar algún defecto refractivo, es fundamental cada año (si no se indica que sea antes) acudir a la revisión por si es necesaria una nueva graduación. La prevención por medio de estas revisiones es fundamental para que cualquier problema no vaya a más.

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OJOS ROJOS

Hablamos de ojos rojos o hiperemia cuando la parte blanca del mismo toma una coloración rojiza, casi siempre debido a la presencia de vasos sanguíneos hinchados y dilatados.

Muchas veces se debe sólo a una inflamación de la superficie ocular, pero en ocasiones la inflamación es del interior del ojo, lo que puede ser síntoma de una patología más grave.

Afortunadamente la mayoría de los pacientes que presentan ojos rojos sólo tienen una inflamación leve en la superficie ocular, que puede deberse a distintas patologías. Las más frecuentes son las conjuntivitis de origen infeccioso o alérgico, pero también el síndrome de ojo seco y las alteraciones relacionadas con el uso de lentes de contacto provocan hiperemia. Cada causa tendrá un tratamiento específico, que en la mayoría de los casos suele ser efectivo.

Conjuntivitis: hay distintos tipos de conjuntivitis, cada una con un tratamiento específico. En verano surgen las conjuntivitis alérgicas y las irritativas, debido a las piscinas o a los aires acondicionados, y durante todo el año las conjuntivitis bacterianas y también las víricas, muy frecuentemente asociadas a resfriados. Cada tipología requerirá un tratamiento u otro, y hay que saber que el tratamiento que funciona en unos casos, en otros puede ser perjudicial.

Ojo seco: Algunos casos de ojos rojos se deben a sequedad ocular. Consiste en un conjunto de síntomas y molestias debidos a una mala lubricación de la superficie del ojo, ya sea porque el ojo produce poca lágrima, o porque la lágrima es inestable y de mala calidad, con lo que se evapora rápidamente y acaba produciendo sequedad. La sensación de sequedad y escozor suele disminuir al cerrar los ojos. La mayor parte de pacientes tienen un ojo seco leve, y pueden controlarse bien con el uso de lágrimas artificiales, ya sea de forma ocasional (delante del ordenador, con el aire acondicionado…., pero otros deben hacerlo de forma continuada. Existen tratamientos que pueden personalizarse según el tipo de ojo y la comodidad del paciente.

Mal uso de lentes de contacto: es una causa frecuente de ojo rojo. Puede deberse al uso abusivo al llevarlas demasiado tiempo, dormir con las lentes puestas, tener una higiene inadecuada, y en verano también por bañarse con las lentes de contacto en mar o piscinas. Es una práctica bastante frecuente pero no es recomendable porque hay un parásito, la acanthamoeba, un organismo celular que suele estar en el agua, y que, aunque es infrecuente, puede afectar a los portadores de lentillas y producir una infección grave, sobretodo si no se trata en los primeros días, de ahí tener la máxima precaución.

En principio, si no hay pérdida de visión ni dolor, no debemos preocuparnos demasiado. Si es solo una rojez, por una irritación puntual, normalmente las lagrimas artificiales sin conservantes y el suero fisiológico aliviarán el problema, y si no remite se deberá acudir al especialista.

Ahora bien, si hay pérdida de visión o dolor, el ojo rojo puede ser secundario a problemas más graves como afectación de la córnea o de estructuras internas del ojo que pueden provocar daños irreversibles. Ante la presencia de ojo rojo crónico o acompañado de otros síntomas como dolor o pérdida de visión, es conveniente acudir al especialista para obtener un diagnóstico preciso y el mejor tratamiento según el caso.

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CÓMO VEMOS LOS OBJETOS DE COLORES

Los colores de los objetos dependen tanto de los objetos como del color de la luz con que se lo ilumine. El color con que vemos un objeto, al iluminarlo con luz blanca, corresponde al color que él más refleja. Por lo tanto, si vemos un objeto negro, se debe a que absorbe todos los colores; uno blanco, en cambio, los refleja todos, mientras uno verde absorbe todos los colores menos el verde que es reflejado.

Dentro de nuestros ojos existen células que toman la función de sensores, los cuales se encuentran en la retina y son denominados bastones y conos.

Los bastones se activan en la oscuridad y estos sólo permiten distinguir el negro, el blanco y los distintos grises. Nos permite percibir el contraste.

Los conos, en cambio, funcionan de día y en ambientes iluminados y hacen posible la visión en colores. En realidad hay tres tipos de conos; uno especialmente sensible a la luz roja, otro a la luz verde y un tercero, a la luz azul. Cada cono (célula) está conectado individualmente con el centro visual del cerebro por medio del nervio óptico. La combinación de estos tres colores: rojo, verde y azul es suficiente como para ver unos 20 mil colores distintos. Así por ejemplo, el naranja  se forma por la combinación de rojo con un poco de amarillo y el violeta con la combinación de azul con un poco de rojo. Es en el cerebro donde se lleva a cabo esta interpretación, pues en el ojo solo se capta la luz.

Gracias a la luz podemos diferenciar las sombras del brillo, podemos ver los colores y también podemos fotografiar.

El sol transmite sus rayos a la tierra y aunque vemos la luz como blanca, esa luz contiene todos los colores, incluso algunos que no vemos, como son el ultra-violeta y el infrarrojo. De manera, que cuando un rayo de luz cruza un prisma o una gota de agua, se descompone y podemos ver toda la gama de colores formando arco iris.

Existen  personas que no pueden distinguir bien los colores, denominándose a esta alteración discromatopsia, y vulgarmente a estas personas se le denomina daltónicas. Los daltónicos no perciben los colores de la misma manera debido a un fallo de los genes encargados de producir los pigmentos de los conos. Así, dependiendo del pigmento defectuoso, la persona confundirá unos colores u otros. La mayoría de estos pacientes presentan deficiencia de uno de los conos encargados de un color y muy pocos, ausencia total de dicho cono. Los que presentan deficiencia a uno de los conos, por ejemplo el encargado del color verde, percibe el color verde pero de una intensidad o saturación inferior al resto de la población, mientras que si existe una ausencia de dicho cono, no podrá percibir en absoluto el color verde

Por tanto, el ojo solo capta la luz, pero el cerebro es el encargado de “interpretar” las tonalidades de los objetos captados a través de las células sensoriales.

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¿QUÉ ES EL DALTONISMO?

Todos sabemos que los daltónicos son las personas que no ven bien los colores. Pero, ¿Qué significa eso realmente? De forma coloquial llamamos daltonismo a todas las anomalías de la visión de los colores, que realmente es un grupo muy amplio de alteraciones, y el daltonismo es solo una de ellas.
¿Por qué ocurre? Es un problema genético en la retina. Nosotros recibimos la información a través de 2 tipos de células sensibles a la luz, llamadas conos y bastones. Precisamente son los conos los que reciben la información del color. Hay 3 tipos de conos, uno para cada color primario: rojo, verde y azul.
Todo el espectro de colores que podemos ver se forma con la combinación de estos tres colores primarios. Si por un problema genético, un tipo de cono no funciona, existe una alteración en la visión de los colores. Si fallan los tres, la persona vería en gris, no puede ver ningún color, y esta afección es conocida como acromatopsia. Si solo falta un pigmento, puede tener dificultad para diferenciar entre el rojo y el verde, que es el tipo más común de daltonismo.
Los síntomas varian de unas persona a otra, pero pueden abarcar:

  • Dificultad para ver los colores y su brillo en la forma usual.
  • Incapacidad para establecer la diferencia entre sobras del mismo color o de colores similares.
  • En casos graves, se pueden presentar movimientos rápidos de los ojos de un lado a otro (nistagmus) y otros síntomas.
    Un daltónico lo es desde el nacimiento y nunca deja de serlo. A menudo, los síntomas pueden ser tan leves que algunas personas no saben que padecen daltonismo. Un padre puede notar signos de daltonismo cuando su hijo este aprendiendo los nombres de los colores.
    No existe tratamiento conocido, y las pruebas para el daltonismo se llevan a cabo por medio de unas pruebas específicas (Test Ishijara) durante un examen ocular.
    Si tiene duda si padece dicha patología no dude en acudir a su especialista para realizar un examen ocular.
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FILTROS TERAPÉUTICOS

La fotofobia y la sensibilidad al deslumbramiento son síntomas frecuentes en pacientes de baja visión. El paciente refiere un exceso de luminosidad que le produce molestias y pérdida de contraste. Esto implica una disminución de su agudeza visual y suele ocurrir en personas que tienen una alteración de los medios transparentes en córnea, cristalino, vítreo,…

Los filtros terapéuticos eliminan este problema, provocado por la fuente de luz que provoca dispersión de luz. Además éstos, eliminan la radiación UV, es decir, actúan bloqueando la longitud de onda corta (azul, violeta) que son las ondas dañinas y no permiten que llegue a la retina.

El paciente por tanto, conseguirá mayor agudeza visual y protegerá su retina de la exposición solar, evitando que su patología ocular avance.

Los filtros más eficaces son los amarillos, naranjas y rojos que son los que absorben al máximo en la región de alta fluorescencia, alta dispersión y corta longitud de onda. Dependiendo de la patología ocular, se diagnosticará un filtro u otro, aunque también influye la comodidad del paciente en la elección de ellos.

En los problemas por Degeneración macular asociada a la edad (DMAE), glaucoma y cataratas, se recomienda un filtro terapéutico de corte 450nm, 511nm o 527nm.

Si se padece Retinopatía diabética, se recomienda un filtro de 511nm.

Retinosis pigmentaria, Enfermedad de Stargardt, Fundus Flavimaculatus o Distrofia de Conos y Bastones, se recomiendan filtros de 550nm, 585nm.

En los casos de Distrofia Corneales se recomiendan filtros de 511nm y en Albinismo se recomienda un filtro de 550nm.

Y si además unimos al uso de filtros terapéuticos, una buena alimentación en luteína y zeaxantina, estaremos protegiendo nuestra retina de los efectos nocivos de la radiación solar.

La Luteína y Zeaxantina, se las conoce como “pigmentos maculares”. Su función es proteger la retina y el cristalino de la acción oxidante de la luz, ya que reducen el daño oxidativo provocado por la luz azul.

Lo podemos encontrar en las espinacas, lechugas, espárragos, acelgas, maíz entre otros.

En aquellos pacientes que presenten un resto de visión útil, tenemos que sacar el mayor partido posible con ayudas especiales. Por tanto, la detección y prevención es lo más importante.

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QUERATITIS

La queratitis es una inflamación que afecta a la córnea. La córnea es la estructura más anterior y transparente del globo ocular.

Si la inflamación afecta solo a la parte más anterior de la córnea (el epitelio) se llama queratitis superficial. Éste tipo de queratitis es el más frecuente y suele cursar sin secuelas. Cuando la inflamación afecta a capas más profundas de la córnea se denomina queratitis ulcerativa. Éstas últimas Son menos frecuentes pero suelen ser más graves, ya que en ocasiones dejan cicatrices en la córnea (leucoma) que, si son centrales, pueden comprometer la visión de forma severa.

Los síntomas que acompañan a las queratitis va desde sensación de arenilla o cuerpo extraño a padecer un dolor muy intenso y suele ir acompañado de enrojecimiento ocular.

Existen múltiples causas que pueden provocar queratitis. La más frecuente son:

-Queratitis por Sequedad ocular: suelen tratarse de lesiones superficiales en forma de puntilleado que afecta sobre todo la zona media e inferior de la córnea. En menos ocasiones la sequedad ocular puede provocar lesiones más graves, complicadas de manejar.

– Queratitis Víricas: cabe destacar en este grupo las producidas por Herpes Simplex, cuyo diagnóstico y tratamiento precoz con antivíricos es imprescindible.

– Queratitis Bacterianas, por hongo, amebas o parásitos: pueden ser el resultado de una erosión previa que se ha infectado. Los portadores de lentes de contacto están mucho más expuestos a infecciones corneales. Otras veces no hay una causa identificada. Estas queratitis siempre son graves y precisan un diagnóstico rápido y la aplicación precoz de colirios antibióticos fortificados o antifúngicos según la causa. En ocasiones la evolución de estas queratitis ulcerativas es muy agresiva y puede dejar secuelas permanentes graves.

– Otras causas de Queratitis: Tóxicas, alérgicas, por exposición, etc.

La queratitis provoca dolor, lagrimeo y fotofobia intensa (molestia a la luz). Según la zona afectada puede también provocar disminución importante de la agudeza visual.

La manera de prevenir la queratitis es evitando principalmente las posibles causas, si existe ojo seco usar lagrimas artificiales, protegerse del sol intenso con unas gafas, acudir al especialista ante cualquier traumatismo, e higiene meticulosa en usuarios de lentes de contacto….

Sin embargo, en muchos casos no existen pautas para evitar la queratitis. Es importarte acudir al especialista ante cualquier síntoma de lo antes mencionado, y por supuesto el tratamiento instaurado rápidamente hace mejorar el pronóstico.

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PROTEGE TUS OJOS DE LOS SÍNTOMAS DE ALERGIA

Las alergias son cada vez más prevalentes en España y según la Organización Mundial de la Salud, este tipo de patologías se incrementará, afectando a una de cada dos personas en futuras décadas. De hecho, la alergia primaveral ha pasado de ser un hecho estacional a multiestacional, ya que, además de estar muy presente en primavera, aparece también durante el invierno y verano.

Además de las molestias respiratorias como la congestión nasal, los estornudos, la tos, y el picor en la nariz y la garganta, la alergia estacional también trae consigo molestos síntomas oculares como el picor y el enrojecimiento, hinchazón de los párpados, lagrimeo y fotofobia.

Estas molestias se deben a la inflamación de la conjuntiva, la membrana mucosa que cubre el ojo y el interior de los párpados. Cuando la persona alérgica entra en contacto con el polen el sistema inmunitario reacciona de manera inapropiada, como si fuera un invasor. Para protegerse de esa amenaza, el organismo produce anticuerpos contra el alérgeno que hacen que se liberen ciertas sustancias químicas, entre ellas, la histamina, que son las que desencadenan los síntomas característicos de la alergia.

Además del polen primaveral, también puede producir conjuntivitis alérgica los ácaros del polvo y la caspa de los animales domésticos, así como algunos productos de belleza.

Algunos consejos para proteger nuestros ojos de la alergia primaveral: procurar no salir a pasear por el campo o por parques, donde suele haber una mayor concentración de polen; cuando viajas en coche mantener subida las ventanillas; utilizar gafas de sol para protegerte del polvo y del resto de partículas en suspensión; evita exponerte a ambientes con polvo, a animales domésticos o a agentes irritantes que agraven los síntomas (humo, cloro de las piscinas, etc); en casa evitar la acumulación de polen cerrando las ventanas y limpiando el polvo con una bayeta húmeda; utiliza humificadores; extremar la higiene diaria, al regresar a casa ducharse y cambiarse de ropa pues el polen se queda depositado en la ropa y en el pelo; lavarse las manos a menudo y no frotarse los ojos.

Todas las alergias oculares deben ser evaluadas por el profesional sanitario y se debe iniciar el tratamiento según las recomendaciones específicas para cada paciente.

Los usuarios de lentes de contacto deben seguir cuidadosamente las recomendaciones de su óptico-optometrista para minimizar los riesgos y seguir disfrutando de la mejor visión. Entre los consejos más importante son retirar las lentes de contacto cuando los ojos estén muy irritados; alternar el uso de lentes de contacto con las gafas, no utilizar las lentes de contacto durante más tiempo del recomendable, elegir la modalidad de lentes desechables diarias, no tocarse o frotarse los párpados con las manos, evitar el uso de maquillaje en la zona ocular, limpiar cuidadosamente las lentes de contacto cada vez que los ojos están enrojecidos o lloroso; lavarse las manos con agua y jabón siempre que nos pongamos las lentes de contacto.

Tener en cuenta que los antihistamínicos orales pueden incrementar la sequedad de la superficie ocular, contribuyendo a la incomodidad. Para evitarlo, es recomendable consultar al especialista acerca de la aplicación de gotas oculares.

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CONJUNTIVITIS EN VERANO

La conjuntivitis es una inflamación de la conjuntiva,  una enfermedad ocular frecuente que afecta con mayor frecuencia durante la época de verano y que según el tipo, puede ser contagiosa. En esta temporada existe un aumento del número de casos de conjuntivitis virales y alérgicas, y aparecen principalmente por la falta de hábitos de higiene saludable, el sol, las altas temperaturas, así como por ciertos agentes químicos o alergenos, como el polen, el polvo o el humo.

Los virus y las bacterias son los principales causantes de la conjuntivitis, sin embargo, en verano hay otro desencadenante, como la gran cantidad de productos químicos que se agregan en el agua de las piscinas. Dichas sustancias irritan y alteran la superficie ocular produciendo conjuntivitis tóxicas o alérgicas y dejan al ojo en una situación más susceptible de infecciones.

Los síntomas más comunes de las conjuntivitis son: enrojecimiento y lagrimeo del ojo; sensación de ardor en los párpados; sensación de cuerpo extraño o arenilla en el ojo; molestias, dolor.

Dentro del grupo de las conjuntivitis de origen infeccioso, tenemos dos grupos principales, la conjuntivitis viral que tiene una duración de 7 a 14 días y se caracteriza por el enrojecimiento de los ojos, lagrimeo y presencia de legaña blanquecina. Y la conjuntivitis bacteriana que suele presentarse como una gran inflamación, con presencia de legaña amarillenta o verdosa, y en algunas ocasiones puede comprometer los párpados y otras zonas oculares.

El tratamiento inicial de la conjuntivitis, sea viral o bacteriana, se realiza mediante la limpieza de los ojos con agua o suero fisiológico, ya que las secreciones presentes retrasan la recuperación y el efecto de algunos de los colirios que se prescriben. En ocasiones se recomienda el uso de antibióticos aplicados en gotas o crema. Para evitar los contagios es muy importante, no sólo la limpieza de los ojos sino lavarse con frecuencia las manos, utilizar toallas diferentes al resto de la familia, cambiar la funda de la almohada con frecuencia, no compartir los cosméticos para los ojos y cambiarlos regularmente

Por tanto, una buena higiene puede ayudar a prevenir la propagación de la conjuntivitis, y en caso de ser usuario de lentes de contacto, se deberá desechar las lentes que portaba cuando apareció la conjuntivitis infecciosa y de forma general, siempre tenemos que manipular y limpiar las lentes de contacto apropiadamente, evitar tocarse los ojos con las manos…

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CHALAZION

Es una protuberancia pequeña en el párpado causada por un conducto bloqueado en una de las glándulas de Meibomio. Estas glándulas están localizadas en el párpado directamente por detrás de las pestañas y produce un líquido delgado y oleaginoso que lubrica el ojo. Habitualmente es confundido con el orzuelo, que también aparece como un abultamiento palpebral. El orzuelo es en realidad una infección de la base de alguna pestaña o de la propia glándula de meibomio, formando una inflamación que se apreciaría como un pequeño bultito que se torna rojo e irritado en el borde del párpado.

La sintomatología puede variar y abarcar diferentes síntomas. El paciente con un chalazión se quejará inicialmente de la presencia de una protuberancia que aparece en el párpado, posteriormente puede percibir problemas visuales debido a que el chalazión presiona y distorsiona la córnea. A diferencia del orzuelo, que al tratarse de una infección, va acompañado de dolor, el chalazión no duele.  En ocasiones, una vez resuelta la infección en el orzuelo, este se puede convertir en chalazión al quedar retenido en la glándula todo el material producido durante la infección junto con su propia secreción.

Un chalazión a menudo desaparecerá sin tratamiento al cabo de un mes o menos, no obstante el tratamiento primario es la aplicación de compresas calientes y masaje sobre el párpado durante 10 o 15 minutos por lo menos 4 veces al día. Esto suavizará los aceites endurecidos que obstruyen el conducto y favorecerá el drenaje y la cicatrización.

Si el chalazión sigue creciendo, es posible que sea necesario el extirparlo con cirugía, lo cuál hay que acudir al especialista. Otras veces también la inyección con esteroides es otra opción de tratamiento que toman los oftalmólogos.

Como medida preventiva para evitar su recurrencia, es importante el lavado de manos frecuente y no frotarse las pestañas para evitar la contaminación de los conductos glandulares, una limpieza adecuada de los párpados en las personas propensas al chalazión también puede prevenir su reaparición. Y por supuesto, si pasado un tiempo prudencial no desaparece lo ideal es acudir a su especialista para tomar las medidas necesarias para erradicarlo.

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MIGRAÑA Y VISIÓN

La migraña o jaqueca es una condición de carácter familiar, en la que se producen crisis recurrentes de dolor de cabeza de duración, frecuencia e intensidad variable. Afecta aproximadamente al 15-30% de la población y más frecuente en mujeres, entre los 25-50 años.

Se produce por un vaso-espasmo transitorio que perjudica la circulación del cerebro y del ojo. Primero los vasos se contraen y luego se dilatan.

Los síntomas visuales de origen neurológico son múltiples y varían de unos pacientes a otros, los más frecuentes son: centelleos, pérdida fugaz de visión, ceguera cortical y pérdida parcial de los campos visuales. Estos síntomas se deben a la falta de flujo sanguíneo a un área localizada del cerebro o del ojo. Las alteraciones visuales van seguidas de un intenso dolor de cabeza, aunque puede ocurrir también sin cefaleas.

Existen varios tipos de migrañas las cuales varían de acuerdo a la zona afectada del cerebro, pero en general las crisis son unilaterales afectando solamente la mitad del cráneo. El dolor puede ir asociado a náuseas, vómitos y falta de apetito.

¿De que forma se presentan los distintos tipos de migraña?

  • Migraña común: es la forma más frecuente y se acompaña de dolor de cabeza, nauseas, vómitos, etc. Suele presentar falta de concentración e irritabilidad en el momento de crisis aguda y suele aparecer intolerancia a la luz (fotofobia).
  • Migraña clásica: produce un aura visual que se compone de manchas (escotomas) brillantes y oscuras, sombras distorsionadas, líneas luminosas en zig-zag y pérdida de campos visuales. Este proceso se inicia bruscamente y va en aumento extendiéndose hacia la periferia y finalmente desaparece.
  • Migraña oftalmoplégica: se produce con una parálisis transitoria pero recurrente del nervio que controla el párpado superior y la mayoría de los movimientos del ojo (hacia arriba, hacia abajo y hacia dentro).
  • Migraña sin cefalea: es un cuadro en el cual se presentan solamente alteraciones visuales sin asociarse a dolor de cabeza.
  • Migraña retiniana: es la que produce una pérdida de visión unilateral transitoria aguda.

Afortunadamente los episodios migrañosos raramente llevan a la pérdida permanente de la visión, no obstante aquellos pacientes que desarrollen síntomas visuales durante el ataque agudo, es aconsejado que sea evaluado por un especialista de la visión aparte del neurólogo, el cuál realice un examen ocular completo.