El síndrome de Sjögren es una enfermedad autoinmune crónica que se caracteriza por el desarrollo de sequedad ocular y sequedad bucal.
Uno de sus primeros síntomas suele manifestarse en los ojos, por lo que la revisión visual puede desempeñar un papel importante para detectar sus primeras señales y mejorar la calidad de vida de quienes la padecen. Hoy hablamos de salud visual y sequedad ocular en el síndrome de Sjögren.
Salud Visual y Sequedad Ocular
El síndrome de Sjögren es una enfermedad autoinmune crónica. Esto significa que el sistema inmunitario, encargado de defender al organismo frente a agentes externos, ataca por error a las glándulas que producen lágrimas y saliva, reduciendo su funcionamiento.
Debido a este mal funcionamiento, se desarrollan dos de sus síntomas más característicos: la sequedad ocular y la sequedad bucal. No obstante, la enfermedad también puede afectar a otras partes del organismo, provocando fatiga, dolor articular, sequedad de la piel y, en algunos casos, complicaciones en otros órganos.
El síndrome de Sjögren puede aparecer a cualquier edad, aunque es mucho más frecuente entre los 40 y los 60 años. Además, unas 9 de cada 10 personas diagnosticadas son mujeres.
En España se estima que unas 125.000 personas padecen esta enfermedad, según el estudio EPISER de la Sociedad Española de Reumatología. Aproximadamente la mitad de los casos podrían no estar diagnosticados, lo que pone de manifiesto la importancia de reconocer sus síntomas de forma precoz.
¿Cómo Afecta a la Visión?
Los ojos son uno de los órganos que primero pueden verse afectados. La disminución en la producción de lágrimas altera la superficie ocular y favorece la aparición del llamado ojo seco, una enfermedad que va mucho más allá de la simple sensación de sequedad. La persona con ojo seco puede desarrollar sensación de arenilla, escozor o quemazón, enrojecimiento ocular, sensibilidad a la luz o fatiga visual.
Cuando no se trata adecuadamente, la falta de lubricación puede provocar pequeñas lesiones en la córnea, aumentar el riesgo de infecciones oculares y afectar de forma significativa a la calidad de vida.
Aunque la enfermedad no tiene cura, sí se pueden adoptar medidas que ayudan a aliviar las molestias oculares y proteger la superficie del ojo. Entre las más comunes, utilizar lágrimas artificiales o lubricantes oculares, evitar ambientes muy secos o con aire acondicionado intenso, proteger los ojos del viento con gafas adecuadas, descansar la vista durante el uso prolongado de pantallas y mantener una buena hidratación.
Además, es recomendable informar al óptico-optometrista del diagnóstico de Sjögren, ya que esto permite realizar un seguimiento más estrecho de la salud visual.



